La vida, la Fuente Divina, vos y yo

Por Carlos Duclos (Candi)

*Somos apenas una partícula muy insignificante y efímera que forma parte de otra partícula llamada Tierra que es, por cierto, imperceptible en el infinito, eterno y misterioso cosmos.

*En nosotros no hay tiempo, sino una fugacidad, un chispazo remoto que solo alcanzan a ver los seres inmediatamente cercanos y Dios por su naturaleza omnipresente.

*Pero nuestra presencia, en este tiempo acotado y en este espacio diminuto, sin embargo, tiene una importancia sustancial y un sentido determinante. Ese sentido es un compromiso, un pacto de sangre y espíritu para con nosotros mismos, para con la Omnipresencia y para con el prójimo (es decir el otro ser cercano).

*El compromiso es el de intentar, con todo el ímpetu y la voluntad posible, remontar nuestras vidas del error total al error parcial; de lo imperfecto absoluto a lo imperfecto atenuado; de la oscuridad completa a la tenue luz; del amor fallido al amor aceptable. Si en esta empresa se alcanza el cenit espiritual, pues bien; pero si no se llega a la plena iluminación, al mediodía de la existencia, esa Omnipresencia no tendrá en cuenta el resultado, sino el amor puesto en la empresa y el esfuerzo realizado.

*Porque para el misterioso, infinito y eterno orden (Hashem), perfecto de toda perfección, no cuenta tanto el destino alcanzado, sino el amor puesto en el camino andado y la rectificación del rumbo cada vez que fue necesario.

*Para el Orden Supremo, importa más la mano tendida hacia lo alto, genuina y sincera, del peregrino en soledad y abatido que clama desesperadamente ayuda, que las alabanzas de los justos que se elevan.

*El Orden Superior, fuente de todas las cosas, convierte la palabra perdón que brota de las profundidades del corazón equivocado, pero arrepentido, en el sublime manantial que riega las flores de toda la creación.

*El compromiso de toda vida que busca la verdad, la alegría y la realización parcial o absoluta, es ir hacia adelante con fe sin mirar atrás, pues en este camino hacia la Luz quien vuelve la vista atrás se convierte en estatua de sal

 

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