NAVEGANDO POR EL MAR DE LA VIDA – Por Candi

A medida que vamos bogando  en el mar de la vida, nos encontramos con distintos tipos de personas. Algunas se suben a nuestra embarcación y viajan para siempre con nosotros, hasta llegar al puerto final; su compañía es agradable y hasta necesaria. Otras, son apenas pasajeros hasta el primer puerto; son agua que queda atrás, forman circunstancialmente esa estela que deja el navío y que desaparece pasado cierto tiempo. Tales personas son efímeras, eventuales, no influyen demasiado en nuestro peregrinar. Solemos encontrarnos también durante la travesía, con personas a las que estimamos, a las que necesitamos, cuya compañía nos haría bien, pero que se niegan a acompañarnos. Simplemente no quieren subir a nuestro barco de la vida. Como siempre he creído que todo, absolutamente todo en este viaje, ocurre por algo y para algo, es sabio no apegarse a aquellos que hemos conocido y que han preferido no acompañarnos, no permanecer junto a nosotros, no obstante nuestro deseo en ese sentido, aun cuando lo hubiéramos querido y lo deseamos fuertemente. De ningún modo, entiéndase bien, me refiero a esas personas amadas que no pudieron seguirnos en razón de que la muerte las sacó de nuestro destino. Es decir, estoy hablando de esas personas que nos atren, que nos cautivan, que incluso sentimos que necesitamos espiritualmente, que asoman su cabeza a la ventana de nuestras vidas y que, con un gesto o una simple palabra, nos advierten que no compartirán ni la cubierta y mucho menos el camarote.

-Nos encontramos también durante el viaje, con personas malvadas, crueles, que incluso a veces saben disimular muy bien su perfidia e hipocresía; seres que tienen la mano puesta en la flecha de la aljaba, lista para ser sacada y disparada, o que la disparan, nomás, sin vueltas. Gente que decepciona, soberbia, especuladora, interesada, desleal, mezquina  y decidida a no renunciar a su naturaleza. A esa clase de personas, verdaderos polizones dañinos, es necesario arrojarlas delicadamente por la borda, es mejor desterrarlas para siempre de nuestra estructura física y mental. Casi siempre estos ladinos procuran hundir el bote y son tan ignorantes que siempre serán incapaces de comprender que al final, más tarde o más temprano, los que solamente se ahogarán en el mar de la maldad son ellos. Sin embargo, el riesgo de ser arrastrados por esta especie está y hay quer evitarlo.

-En el mar de la vida, por otra parte, y esto es importante, no  se puede navegar mirando atrás. Me decía una vez un amigo, parafraseando un conocido salmo: “soy como el búho de las soledades;  velo, y soy como el pájaro solitario sobre el tejado, pero en tanto vuelo puesta mi mirada adelante,  estoy libre de los que ayer se habían conjurado contra mí y no vuelvo mis ojos para verlos atrás, donde han quedado”.

-Dije más arriba que todo sucede por algo y para algo. Todo sucede, en realidad, todo confluye para que podamos cumplir con ese propósito para el que fuimos traídos a este plano. No sabemos en qué instante de nuestro viaje deberemos cumplir con el cometido, no sabemos en qué puerto, pero  sí se sabe que vamos hacia él para ejecutar la obra. Yno llegaremos a ese puerto, no podrá cumplirse la acción, el destino que nos fue asignado,  si nuestra vista se pierde nostálgica en el pasado. Es muy interesante el significado profundo de esas palabras dichas hace dos milenios: “No se pone la mano en el arado y se mira hacia atrás”.

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