A los gritos “NO”

1911644_681151371930876_1306252144_n

Por Patricia Usinger*

Muchas veces el cansancio del día, la demanda social que vivimos en los distintos ámbitos donde desarrollamos nuestras actividades, el estrés que acumulamos sin querer, son factores que nos potencian a perder la calma y ante el más mínimo tropiezo con algún miembro de la familia soltamos un grito. Debemos aprender a contener esa ira pasajera, ya que al rato de haber levantado la voz nos calmamos y retornamos a nuestra función de padres y madres con el inmenso amor que hace falta para educar a los hijos.

 

Hay que tener presente que un grito no soluciona nada, que un chico que está teniendo un mal comportamiento no va a ceder ante la energía de nuestra voz, por el contrario, se va a entorpecer más y debido a que imita a los mayores va a terminar también él gritando. Entonces la primer premisa es darse cuenta que el grito atemoriza pero no educa. Por un instante el niño se va a quedar como paralizado pero luego cuando pasa el efecto va a volver a lo que estaba haciendo.

El gritar va acompañado con la descarga de agresividad y por lo tanto no se dicen palabras dulces se reemplazan por amenazas y términos que descalifican al otro y ahí hay que prestar especial atención ya que sin querer por medio de esta actitud llevamos a cabo una acción violenta que si bien no incide en lo físico, es muy dañina en lo psicológico.

¿Cómo evitar los gritos en casa?

Una práctica muy efectiva es lo que habitualmente se llama “contar hasta diez”, se trata de detenernos, de frenarnos a tiempo, de congelar la escena y pensar cómo solucionarla antes de estallar. No olvidemos que “de padres gritones, hijos gritones”. Ejercer este tipo de autocontrol , en ocasiones, resulta  difícil ya que vivimos en un sociedad demandante, pero es la única forma de lograr que nuestro hogar sea un lugar armónico y de descanso, de otro modo se convertiría en un campo de batalla.

Educar sin violencia es muy necesario en estos tiempos, el chico después traslada a la escuela toda esa carga agresiva. Hay que tomar nota que para tener autoridad delante de un hijo no es necesario levantar la voz sino mostrar de forma suave y reflexiva el camino a seguir. Hay muchos recursos para hacer entrar en razón a un niño desobediente. Los ambientes donde se emplean insultos sirven solo para perpetuar la violencia y terminan dañando las capacidades y los sentimientos del agredido. Lo positivo es educar con la palabra, con la reflexión, con el afecto, reconociendo las cosas buenas y marcando los errores de manera que el chico descubra que esa acción afecta a otras personas. Dialogar con amor, aplicar el sentido común y la coherencia, trasmitir valores reforzando las normas de conductas son pilares fundamentales en la educación de los hijos.

Conclusión: tal cual lo expresa el afiche que ilustra esta nota hay que “Los gritos no educan, ensordecen el corazón, cierran el pensamiento, destruyen el respeto y te vuelven violento.

*Orientadora familiar

A.S.I. Educación familiar

Esta entrada fue publicada en Notas, Secundarias. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario