A 35 AÑOS DE UNA CORONACIÓN MUNDIAL:Por Hernán Kruse

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Hace 35 años la selección nacional de fútbol dirigida por César Luis Menotti se coronaba campeona mundial de fútbol. La dictadura militar, liderada por Jorge Rafael Videla y Emilio Eduardo Massera, necesitaba imperiosamente la obtención del título mundial para presentar al mundo la imagen de un pueblo unido y solidario, respetuoso de los derechos humanos y sólidamente encolumnado detrás del proyecto político de las fuerzas armadas.

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El domingo 25 de junio de 1978 el estadio de River Plate lucía majestuoso. No cabía un alfiler. La tarde, fría y con un cielo cubierto de nubes, no invitaba a la práctica del deporte al aire libre. Pero ese pequeño detalle climático poco le importaba  a la multitud reunida en el Monumental y los millones de argentinos que esperaban ansiosos el partido enfrente de un televisor. La selección nacional tuvo que esforzarse mucho para llegar a la final. Le tocó de entrada lidiar con Hungría, Francia e Italia. Los húngaros jugaban muy bien y recién sobre el final, con un gol de Daniel Bertoni, la selección logró derrotar a los magiares 2 a 1. Luego vino el turno de Francia, comandada por el gran Michel Platini. Cuando el partido estaba muy complicado Leopoldo Jacinto Luque, 9 de River, sacó un furibundo derechazo desde afuera del área que derrotó completamente al arquero galo. 2 a 1 y a esperar a Italia. Los italianos tenían un muy buen equipo, muy sólido en defensa y con un ataque mortífero donde sobresalía Paolo Rossi. La selección nacional no pudo con los tanos (ganaron 1 a 0) y el equipo de Menotti debió trasladarse a Rosario para disputar tres finales en la cancha de Rosario Central. Fue en este momento de la competencia donde apareció en todo su esplendor Mario Alberto Kempes. Contra Polonia anotó un gol de cabeza y desvió con su mano un golpe de cabeza de un polaco que era gol. El Pato Fillol, el notable arquero nacional, atajó el penal de Deyna y nos salvamos. Kempes remató su gran actuación con otro gol espectacular: luego de dejar en el camino a un defensor remató sobre la salida del arquero haciendo ingresar la pelota por debajo del cuerpo del golero polaco. La expectativa por el partido con Brasil fue enorme. En ese momento los brasileños no tenían un equipo brillante como el del mundial de México (1970), pero era Brasil. El partido fue durísimo, con pocas situaciones de gol y mucha pierna fuerte. Los brasileños contaron con mejores situaciones de gol pero afortunadamente en el arco estaba Fillol. El partido terminó 0 a 0. En la última jornada la selección debía enfrentar a Perú. Horas antes Brasil jugó contra Polonia en el estado de Mendoza imponiéndose por 3 a 1. Con ese score Argentina estaba obligada a ganar por lo menos 4 a 0 para clasificar a la gran final. Argentina recibió a Perú en un estadio de Central que era una caldera. Cuando se habían jugado muy pocos minutos un delantero peruano estrelló un remate en un poste haciendo helar el corazón de todo el pueblo argentino. La angustia se prolongó hasta que Kempes anotó el primer gol. A partir de entonces el equipo peruano desapareció de la cancha y el equipo nacional anotó 5 goles más. Ese partido levantó muchas sospechas y décadas más tarde algunos jugadores peruanos insinuaron que el partido había sido arreglado para congraciarse con la dictadura militar. Lo cierto fue que Kempes, Bertoni, Luque y compañía entraban al área incaica como panchos por su casa. Pasaron 35 años de aquel partido y las dudas persisten….

 

La gran final se disputó el 25 de junio. El rival era la famosa naranja mecánica holandesa. Afortunadamente, el equipo naranja no contaba en esta oportunidad con su estrella máxima, Johann Cruyff. Cuatro años atrás, en el mundial de Alemania, Holanda había vapuleado de tal manera al equipo nacional que el resultado final, 4 a 0, fue benévolo. Pese a no contar con Cruyff, Holanda seguía siendo un rival temible. Previamente había eliminado a Italia y Alemania, su verdugo en la final en Munich cuatro años atrás. La final fue como se preveía: durísima. Al comienzo los holandeses dispusieron de algunas chances pero el extraordinario Fillol cerró su valla. Cuando faltaba poco para finalizar la primera parte, Kempes anotó el primer gol albiceleste desatando la locura en el estadio de River. Cuando todo parecía indicar que Argentina ganaba 1 a 0, un gigante llamado Naninga anotó de cabeza. El desconcierto se apoderó del equipo nacional y en la última jugada el delantero Rensenbrink disparó sobre la salida de Fillol y la pelota se estrelló en el poste derecho. Si esa pelota entraba, otra hubiera sido la historia del fútbol argentino a partir de entonces. Quiso Dios que la pelota no entrara y que inmediatamente el árbitro diera por finalizado el encuentro. El empate obligó a ambos equipos a jugar 30 minutos de alargue. Un verdadero suplicio. En el primer período del tiempo complementario Kempes se llevó por delante a toda la defensa holandesa y anotó el 2 a 1. La coronación estaba más cerca. En el segundo  tiempo del suplementario, Kempes le dejó servido en bandeja a Bertoni el tercer gol y ahí fue cuando se desató la locura. 3 a 1 y Holanda bajó los brazos. Cuando el árbitro pitó el final las calles del país se inundaron de millones de argentinos que festejaron (me incluyo, obviamente) a viva voz la obtención del título mundial. A partir de entonces, los nombres de Fillol, Olguín, Galván, Passarella, Tarantini, Ardiles, Gallego, Kempes, Bertoni, Luque y Ortiz (la formación inicial) y del entrenador Menotti quedaron grabados para siempre en nuestra memoria.

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