Un cuento y un poema: Estados de ánimos

Las gotas de lluvia golpeaban despacio sobre la ventana, el cielo se mostraba de un gris plomizo y en la habitación a oscuras el perfume de un ramo de rosas aromaba los rincones. Tras el sonido implacable del despertador el día comenzaba, la pereza sobre las sábanas tibias ofrecían una resistencia poco habitual, era como si de pronto se pretendiera que la noche llegara de nuevo, saltearse las próximas veinticuatro horas y volver a dormirse hasta el próximo día.

Permanecía en el recuerdo un nombre, un día, un lugar, una flor. Todas esas cosas que conoció alguna vez y que ahora le resultaban lejanas.

El pensamiento volaba con alas gigantes. Deseaba salir y llegar no sabía de que modo, ni con que argumento, hasta el lugar donde habitaba esa otra persona que, tal vez, estaba esperando. Pero eso era imposible, había partido para siempre después de soportar los avatares de aquella enfermedad que terminó con su vida y con la mitad de la vida de ella que se quedaba sola en este mundo. Pensó una y otra vez en los hijos que no llegaron, en las palabras que tal vez quedaron sin decir y en lo efímera que había sido su felicidad.

Ya fuera de la cama, y todavía con la fiaca a cuestas, mientras preparaba un poco de café, seleccionó de entre sus cosas una melodía. Acordes melodiosos de una orquesta invadían el lugar. Mientras pasaba de la cocina al dormitorio tarareaba y su día iba apareciendo un poco menos gris, aunque no había sol dentro suyo pensó que no podía permitirse ese desgano. Por más que le pesara ella estaba ahí y debía seguir hasta que Dios lo dispusiera.

De pronto parada frente a un estante colmado de libros comenzaba la lectura de un poema. En el comienzo una frase de una canción de Pablo Milanés que decía: “A veces me siento como un águila en el aire”… y debajo una poesía que describía los distintos estados de ánimos en los que puede caer el ser humano, las palabras entrelazadas del poeta dando sentido a los sentimientos, frases que se unían para describir como de repente se está en las alturas de una montaña y en otras ocasiones apenas en una colina.

Casi sin pensarlo se dirigió a la computadora y empezó a transcribir aquel poema de Benedetti que tanto le gustaba, una vez que lo  imprimió lo dobló prolijamente y se terminó de preparar para su salida diaria. Tomó su bolso y un paraguas y una vez en la calle, como era su costumbre, compró en el puesto de la esquina dos rosas blancas.

Después de terminar sus tareas habituales regresó lo más rápido posible a su casa.

Mientras acomodaba todo lo que había comprado colocó en un florero las dos rosas blancas y buscó el papel con el poema, lo depositó al lado del portarretrato de plata que contenía la foto de su amor y pensando que tal vez desde algún lugar del universo la escuchaba, con voz dulce comenzó a recitarlo…

 

“Unas veces me siento/como pobre colina/ y otras como montaña/de cumbres repetidas.

Unas veces me siento/como un acantilado/y en otras como un cielo/azul pero lejano.

A veces uno es/manantial entre las rocas/y otras veces un árbol/con sus últimas hojas.

Pero hoy me siento apenas/una laguna insomne/con un embarcadero/ya sin embarcaciones.

Una laguna verde/inmóvil y paciente/conforme con sus algas/sus musgos y sus peces:

serena en mi confianza/confiada en que una tarde/te acerques y te mires/me mires al mirarte”.

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Una respuesta a Un cuento y un poema: Estados de ánimos

  1. Elsa Tébere dijo:

    Ne encantó este relato,tan bello y tierno y con ese poema al final.Felicitaciones!!! Y un gran abrazo Liliana!

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