LO SERIO DE LA VIDA

La inesperada aparición del Papa Francisco ante los ojos del mundo, si bien muestra la ferviente adhesión de la mayoría de los creyentes de nuestra nación al catolicismo universal, y la desbordante alegría de nuestro pueblo a raíz de lo acontecido, hace aparecer de bulto, también, muchas de las gravísimas fallas que desde hace bastante tiempo venimos padeciendo los argentinos. Fallas que son un lastre que impide el simple desarrollo humano, al que todos tenemos derecho a acceder. Basta leer en los medios los comentarios malintencionados que emiten ciertas personas desde el anonimato (así como en algunos programas televisivos, otros lo hacen a cara descubierta), para ver aflorar el atrevimiento, la insensatez, la falta de respeto a las instituciones, la ignorancia, la burla y la risa fácil; para mostrar a los cuatro vientos nuestra falta de educación y el retraso actual de nuestra cultura. Todo esto no es otra cosa más que la desnudez de nuestra pobreza mayor, de nuestra miseria más lacerante y de nuestra máxima vergüenza, un cultivo exclusivo de la mal llamada democracia en que vivimos, cuyos conductores siguen perpetuándose en el fatal desgobierno. Los días contemporáneos, deberían ser días de reflexión, de proyectos, de cambios de actitud de vida, en pos de una vida mejor. Por acción del Espíritu Santo, Argentina ha sido bendecida de manera especial con la elección de uno de sus habitantes para ser conductor de una de las mayores instituciones religiosas del mundo. ¡Aprovechemos esta oportunidad! Las enseñanzas de Jesús (“lo serio de la vida”, según Kierkegaard), se supone vienen en oleadas a nuestro encuentro. ¡Alabado sea el bendito Dios!
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