LA MUERTE DE UN PRESIDENTE HONESTO

El 18 de enero de 1983 falleció Arturo Umberto Illia, un honesto médico que llegó a la presidencia de la república en circunstancias extraordinariamente difíciles. Comenzó a estudiar medicina en 1918 en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, año en que estalló en Córdoba la reforma universitaria. Se graduó en 1927. Al año siguiente logró entrevistarse por única vez con el entonces presidente Hipólito Yrigoyen, a quien le ofreció sus servicios como médico. Posteriormente se radicó en Cruz del Eje (Córdoba) para desempeñarse como médico. Recibió el nombre de “Apóstol de los Pobres” por su dedicación a los enfermos carentes de dinero, a los excluidos, a los desamparados.

Comenzó a militar en el radicalismo desde muy joven, afiliándose a la UCR en 1918 para abrazar la causa reformista. En las elecciones celebradas en noviembre de 1935 fue elegido Senador Provincial por el Departamento de Cruz del Eje. Presidió la comisión de Presupuesto y Hacienda e impulsó la edificación de las represas de Nuevo San Roque, La Viña, Cruz del Eje y Los Alazanes. Ferviente defensor de la reforma agraria, soportó la decisión del Congreso de la Nación de rechazar la Ley de Reforma Agraria aprobada por la legislatura cordobesa. En marzo de 1940 fue elegido vicegobernador de Córdoba acompañando a Santiago del Castillo, quien había sido elegido gobernador. Tres años más tarde debió abandonar el cargo a raíz de la intervención que sufrió la provincia a raíz del golpe cívico-militar de junio. Entre abril de 1948 y abril de 1952 se desempeñó como diputado nacional formando parte de las Comisiones de Obras Públicas e Higiene y Asistencia Social. Luego de la muerte de Amadeo Sabattini se transformó en el líder del sabattinismo (Línea Córdoba).

 

Luego de la Revolución Libertadora el radicalismo sufrió un cisma que perduró durante décadas. Por un lado, estaban los radicales que rechazaron la proscripción del peronismo, los radicales intransigentes; por el otro, estaban los radicales furiosamente antiperonistas, los radicales del pueblo. En 1958 el radical intransigente Arturo Frondizi ganó las elecciones presidenciales. Duró cuatro años en el poder. Las continuas presiones que sufrió de parte del antiperonismo militar y del propio Perón en el exilio constituyeron para Frondizi un obstáculo insalvable. El triunfo de Andrés Framini en la provincia de Buenos Aires en marzo de 1962 significó para Frondizi el principio del fin de su presidencia. Pese a su decisión de declarar nulos dichos comicios, las fuerzas armadas le habían bajado el pulgar. El 29 de marzo se produjo el golpe cívico-militar que lo derrocó ocupando su lugar el doctor Guido, un civil que no fue más que un títere del sector colorado del poder militar. El peronismo fue nuevamente proscripto y en julio de 1963 se celebraron elecciones presidenciales que consagraron al radical del pueblo Arturo Illia nuevo presidente de la nación.

 

Illia asumió en octubre de ese año con muy bajo respaldo electoral. En efecto, sólo el 25,14% del electorado había votado por la fórmula Illia-Perette mientras que los votos en blanco o anulados alcanzaban el 21, 20%. Carecía, pues, de una sólida e indiscutida legitimidad de origen. Lamentablemente, Illia y  el país lo pagaron muy caro. Poniendo en evidencia sus firmes convicciones democráticas su primera medida fue eliminar las restricciones que pesaban sobre el peronismo y el Partido Comunista. Illia tuvo, además, la enorme virtud de cumplir con lo que había prometido en la campaña electoral. Tal el caso, por ejemplo, de la política petrolera. Arturo Frondizi había puesto en práctica una política petrolera que nada tenía que ver con sus más firmes creencias y convicciones. Apenas asumió como presidente, Frondizi aplicó una política basada en la locación de obras de los yacimientos a empresas privadas reservando a YPF la actividad de exploración y la compra de la producción a las empresas concesionarias. Illia se comprometió a anular los contratos de concesión por considerarlos contrarios a los intereses nacionales. El 15 de noviembre el presidente Illia firmó los Decretos 744/63 y 745/63 que consagraban la anulación de los contratos petroleros por “vicios de ilegitimidad y ser dañosos a los derechos e intereses de la Nación”. Al año siguiente, se publicó en el Boletín Oficial la ley 16.459, del salario mínimo, vital y móvil, previa a la constitución del Consejo del Salario, compuesto por representantes gubernamentales, empresariales y sindicales. Entre sus más relevantes metas figuraban la necesidad de “evitar la explotación de los trabajadores en aquellos sectores en los cuales puede existir un exceso de mano de obra”, “asegurar un ingreso mínimo adecuado” y “mejorar los salarios de los trabajadores más pobres”. También se sancionó la Ley de Abastecimiento para controlar los precios de la canasta familiar y la fijación de montos mínimos de jubilaciones y pensiones.

 

Durante su breve y traumática gestión se sancionaron dos leyes relevantes: la ley de medicamentos y la ley de hacienda. La ley de medicamentos (16462) fue aprobada por todos los bloques parlamentarios con excepción de los de UDELPA y la Federación de Partidos de Centro (el orden conservador). Sancionada el 28 de agosto de 1964 imponía una política de precios y de control de medicamentos, congelando los precios a los vigentes a fines de 1963, fijando límites para los gastos de publicidad, imponiendo límites a la posibilidad de realizar pagos al exterior en concepto de regalías y de compra de insumos. Muchos analistas, políticos y observadores coincidieron en que esta norma tuvo un peso decisivo cuando se tomó la decisión de destituir a Illia. La ley de hacienda (15437) establecía que los productores de hacienda, ya sea de ganado ovino, vacuno o porcino tenían la oportunidad de solicitar un préstamo al gobierno para incentivar las inversiones en su producción. Fue así como la ganadería comenzó a surgir de entre las cenizas.

 

La educación tuvo una enorme relevancia para el gobierno de Illia, a tal punto que para 1964 el 12% del Presupuesto Nacional había sido destinado al área educativa. Ese año se puso en marcha el Plan Nacional de Alfabetización tendiente a disminuir la tasa de analfabetismo, que para ese entonces abarcaba al 10% de la población adulta. En materia económica, el gobierno radical fue exitoso. Logró ordenar el sector público, disminuir la deuda pública e impulsar la industrialización. Creó la Sindicatura de Empresas del Estado para ejercer un mayor control sobre las empresas públicas.

 

Lamentablemente, el gobierno de Illia se vio jaqueado constantemente por el sindicalismo liderado por el lobo Vandor, la prensa conservadora, los factores de poder y las fuerzas armadas. Todos le hicieron la vida imposible. El sindicalismo puso en marcha un plan de lucha que contempló paros generales y la toma de miles de fábricas. El poder corporativo y la prensa conservadora comenzaron a acusar a Illia de lento, irresoluto, falto de coraje para tomar las decisiones que el país necesitaba. En junio de 1966 fue  depuesto por un golpe cívico-militar festejado por muchos. Había sido expulsado de la Casa de Gobierno un político honesto, que defendió la libertad en todo sentido, que gobernó sin perseguir a nadie, que cada vez que habló en público enalteció los valores de la democracia. He aquí algunos de sus pensamientos: “ningún país puede pensar en desarrollarse sobre bases coloniales”; “la no intervención, la autodeterminación como expresión de la libre voluntad de los pueblos, excluye beligerancias inconsistentes y reñidas con el total respeto que mantenemos a la soberanía de las naciones”; “sólo será justo nuestro orden social cuando se logre que los recursos humanos, unidos al avance técnico del país, permitan asegurar al hombre argentino la satisfacción de sus necesidades físicas y espirituales”; “la paz es la suprema conquista que propicia el progreso cierto”; “si la política es alejada de las fuerzas de las ideas, se convierte única y exclusivamente en el ejercicio del poder”.

 

Fuentes:

-Frases y pensamientos de Arturo Illia (Google)

-Arturo Illia: Wikipedia la enciclopedia libre

-Carlos Floria y César García Belsunce: “Historia de los argentinos”, editorial Larousse, Buenos Aires, 1992, págs. 972/976.

 

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